La protección solar no es cosa solo de agosto
En el Montseny se sube, y en invierno el sol de montaña sigue siendo sol.
La radiación ultravioleta no desaparece cuando baja la temperatura. Un día frío y despejado de enero puede tener tanta como uno nublado de verano, y con la altitud sube todavía más: cada mil metros la aumentan alrededor de un 10%. Quien sube al Montseny un domingo de febrero se expone más de lo que cree.
Tres cosas que suelen sorprender:
· **Las nubes no lo filtran todo.** Un día tapado deja pasar buena parte de la radiación, y como no se nota el calor, nadie se pone nada.
· **La cantidad.** La que se usa de verdad suele ser la mitad de la que se empleó para asignarle el factor al envase. Con la mitad, la protección real baja bastante más de la mitad.
· **La caducidad.** Un bote abierto del verano pasado, guardado en un coche o en un baño caliente, ya no protege igual aunque quede producto.
Si no sabes cuál te conviene —piel reactiva, uso diario bajo el maquillaje, niños, después de un tratamiento dermatológico— pregúntanos en el mostrador. Es una conversación de dos minutos y ahorra comprar el bote equivocado.